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lunes, 9 de enero de 2012

La Democracia y sus Limitaciones.

Por Arturo Bonet Canizares


Para enfrentar este tema tenemos dos opciones: Nos adentramos profundamente en la filosofía y la sociología generando un pesado y bien manoseado tratado o analizamos a la luz de la práctica y la praxis política internacional el sentido que mejor entendamos debe tomar el ejercicio democrático en la Cuba que debiera ser.
Opto por la segunda, me limito a una interpretación de procedimiento y a un concepto elemental sin cliché filosófico y simplificado: “La democracia tiene como elemento esencial el hacer prevalecer la opción de la mayoría sobre la de la minoría, normalmente mediante votaciones libres, informadas y periódicas.”
Indudablemente y donde el ejercicio de este concepto se interioriza en la sociedad, existen otros elementos a considerar como el respeto a las minorías, el ejercicio de sus libertades, los derechos humanos o la justicia social. Obviamente en dichas sociedades que sencillamente saben gobernarse, esos elementos son parte de dicha praxis y no son arrebatados o secuestrados por la mayoría gobernante.
Pero, la votación en la manera descrita, es la clave para comprobar la realidad democrática, aunque algunos nieguen su valor tal vez permeados por experiencias provenientes de esos que justamente no saben gobernarse o de aquellos que necesitan menospreciar la democracia para fundamentar sus objetivos de poder absoluto.
Al simplificar el concepto de mayoría, alguien podría entonces señalar que Cuba es una democracia, donde la mayoría ejerce el poder a través de la figura de Castro. O que en otro país cualquiera, ella no es real porque no se permite el matrimonio homosexual, o el aborto. Pero en la práctica, nadie ha podido comprobar la mayoría cubana tras los Castro o definir el impacto real en la sociedad de las referidas circunstancias. Por ello, porque no hay elecciones libres y a la vez se secuestra la mayoría de los derechos de lo que el poder califica como minoría, el concepto de dictadura para Cuba es inobjetable.
La mayoría tiene que prevalecer con libertad e información para que la democracia sea real. Las limitaciones intrínsecas de la democracia la garantizan como tal y evitan que un Castro, un Hussein o sucedáneos, afirmen que eran democráticos porque lograban el 98% de los votos en sus pantomimas eleccionarias carentes de límites. La “cultura democrática nacional” es otro límite necesario. Es la que lleva a la minoría aceptar su derrota en las urnas. Nadie se imagina a Castro aceptando tal derrota y a sus seguidores sin desestabilizar dicho resultado.
Hay que entender que el solo ejercicio democrático no garantiza el bien común. Pero debe asegurar que el que tome medidas equivocadas, profundice desastres e incumpla la plataforma que le propició esa mayoría, sea removido del gobierno. La democracia debe practicarse con serios mecanismos de alarma y con las limitaciones que define siempre un Estado de Derecho.